Para los sibaritas, alpinistas del gusto, que como yo disfrutamos con la música contemporánea, una música condenada a una suerte de malditismoo al remoquete de ser snob, aunque a mi me gusta incondicionalmente, el estreno d una ópera contemporánea es un acontecimiento.
En el caso de Elegy for young lovers de Hans Werner Henze, es una gozada estétiaca. adentrase en los paradigmas sonoros de nuestro tiempo, en este caso con la notación colorista, cuasiequidistante, paradoxal, pero al mismo tiempo ric de los puntos en confluencia de las notas de Henze, lleva además del ambiente onírico, freudiano de la ópera, un auténtico conflicto paterno filial, además d la ley de la madre no deseada, lleva el toque paradójicamente del romanticismo a lo Hoffmansthal.
En una ópera deudora del Strauss de Electra o del Schonberg del moses und aron, aunque aquí la religiosidad queda transida por el trance d la vieja loca, lleva al espectador por la senda de un fuerte impacto emocional, que no lo olvidemos, es propia de lo estremoso de la acción, ante todo poco moderado, pero como esa montaña en la que se desarrolla la acción, un vértigo ante el daimon de la creación perdida, así como un canto a ese creador único, tan propio del romanticismo.
La música de Henze es catártica y estupefactante, demostrando que la narración puede aborver la enrgía escénica , con un pathos cuasinietzscheano que es de recibo.
viernes, 30 de enero de 2009
Por el camino aninguna parte
Había una canción en los años 80 que se llamaba Road to nowhere, era de los Talking Heads y desprendía un cierto sabor country rock con cierto hedonismo. Nada de eso se puede decir de la seminal novela de Cormac Mc Carthy, La carretera, a quie le bastan apenas doscientas páginas de galeradas para adentrase en un camino sin retorno, allá donde se han perdido todos los sueños.
Con ese estilo pulsante, certero, minimalista y nervioso que le caracteriza describe una distopía de los nuevos tiempos de gran pregnancia tanto en lo estilístico, como en lo novedoso, y me resisto a utilizar este manido adjetivo.
Quizá el horizonte de la novela sea ese vértigo de las cosas que no tienen remedio, pero que con la obstinación que caracteriza a la humanidad, lleve a un halo de esperanza. Sin embargo, la enorme novela de Mc Carthy, y no lo digo por la extensión, es una parábola de los tiempos que corren, quizá un testimonio, pesimista eso sí, de la pesantez de la existencia en tiempos riscosos y seísmicos , donde el horizonte posnuclear o lo que sea que aha pasado, no necesitamos saberlo, nos lleva a un mundo acechante y temeroso, propio de una pesadilla .
Y todo ello, gracias a su enorme talento para describir caracteres a base de unas pinceladas rápidas y colgantes que , no lo olvidemos, llevan como un taxidermista la talla d un gran escritor. Sin duda, una novela inolvidable.
Con ese estilo pulsante, certero, minimalista y nervioso que le caracteriza describe una distopía de los nuevos tiempos de gran pregnancia tanto en lo estilístico, como en lo novedoso, y me resisto a utilizar este manido adjetivo.
Quizá el horizonte de la novela sea ese vértigo de las cosas que no tienen remedio, pero que con la obstinación que caracteriza a la humanidad, lleve a un halo de esperanza. Sin embargo, la enorme novela de Mc Carthy, y no lo digo por la extensión, es una parábola de los tiempos que corren, quizá un testimonio, pesimista eso sí, de la pesantez de la existencia en tiempos riscosos y seísmicos , donde el horizonte posnuclear o lo que sea que aha pasado, no necesitamos saberlo, nos lleva a un mundo acechante y temeroso, propio de una pesadilla .
Y todo ello, gracias a su enorme talento para describir caracteres a base de unas pinceladas rápidas y colgantes que , no lo olvidemos, llevan como un taxidermista la talla d un gran escritor. Sin duda, una novela inolvidable.
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