Seré breve, pues en política es una virtud. Quiero decir hablando de política como ciudadano, es decir como ussuario del autobús de lo público: esta campaña ha demostrado que la política, lejos de su antaño añorada tarea como gestora de lo público, está más lejos de la realidad cada día y, además, es cada día una fuente para el olvido, la demagogia, la trampa o el chovinismo electoral.
Estos rasgos, que no son pocos, están más que meridianamente claros si tenemos en cuenta que se utilizan memorias del pasado para exculpar miserias del presente, tanto cuanto que los gestores administrativos son cada día más indiscernibles de managers o de sacerdotes publicitarios. Hacerlos caso es darles bastante importancia. Decir que la política es un cauce es tanto como decir que los ríos tiene su curso apalabrado. No obstante, como somos ciudadanos de la polis, a veces nos atañen estos asuntos.
Así, cuando se dice que se observa un desgaste de lo ópinión pública, habría que ver primero si es debido más bien a la mediocridad del político o más bien a la grandilocuencia, el pesebrismo garantizado, el clientelismo actualizado y cotidiano, la sedición de algunos políticos disfrazada de amiguismo(como las deslealtades de los nacionalistas, las radicalidades ad hoc y las descalificaciones sin cuento), en fin todo un panorama.
Así que vote usted si quiere. O cómprese un disco compacto. Al fin y al cabo es casi lo mismo.
viernes, 25 de mayo de 2007
Sobre la inoperancia de definirse como creyente
Puede parecer que ser creyente e s una cosa que exculpa de explicaciones, pero precisamente ahora que no sé si hemos visto de todo, pero que coincidir mínimamente con las opiniones mayoritarias se califica de suave desmovilización, como estar con las minorías es señal de elitismo. Lo cierto es que no voy a hablar aquí de creencias religiosas, probablemente las más belicosas intolerantes de todas, sino de creencias y datos.
Para tener una crencia se tiene primero que hacer un ejercicio de afirmación, tanto más cuanto que afirmar es ya decir en primera persona. Es ahí, de ese tremendo factum de la realidad que queremos y deseamos frente a la que es, que sólo un poderoso discernimiento nos ayuda en la tarea de descubrir una mínima verdad. De lo tautológico se encarga ya el discurso, la construcción, la familia o la educación. Decir que se tiene una creencia es una idea, entendida esta en su sentido de eidos o imagen, tan fuerte como decir que la Luna es una amenaza para los cristianos porque aparece en el ideario del islam esta vez en su mitad, cuanto no más completa, o que el vino avinagrado es bueno para endulzar.
Pero además es que las creencias se oponen a la verdad en no otra menor manera Esta es en que operan como virus que contaminan, como los virus informáticos por microprogamas que lanzan ataques. Esta es quizá la más peligros de todas. Al final lo bueno sería no sólo hacer un buen análisis, sino observar, analizar, describir y sopesar. Eso que nos hizo grandes en el pasado, pero siempre con el matiz de lo nuevo, como si todo fuera nuevo a cada instante.
Al final, el juego de las realidades es una colección de trampas y spejismos que es muy difícil sobrellevar. De ahí su dificultad. De ahí la extraña belleza de la filosofía.
Para tener una crencia se tiene primero que hacer un ejercicio de afirmación, tanto más cuanto que afirmar es ya decir en primera persona. Es ahí, de ese tremendo factum de la realidad que queremos y deseamos frente a la que es, que sólo un poderoso discernimiento nos ayuda en la tarea de descubrir una mínima verdad. De lo tautológico se encarga ya el discurso, la construcción, la familia o la educación. Decir que se tiene una creencia es una idea, entendida esta en su sentido de eidos o imagen, tan fuerte como decir que la Luna es una amenaza para los cristianos porque aparece en el ideario del islam esta vez en su mitad, cuanto no más completa, o que el vino avinagrado es bueno para endulzar.
Pero además es que las creencias se oponen a la verdad en no otra menor manera Esta es en que operan como virus que contaminan, como los virus informáticos por microprogamas que lanzan ataques. Esta es quizá la más peligros de todas. Al final lo bueno sería no sólo hacer un buen análisis, sino observar, analizar, describir y sopesar. Eso que nos hizo grandes en el pasado, pero siempre con el matiz de lo nuevo, como si todo fuera nuevo a cada instante.
Al final, el juego de las realidades es una colección de trampas y spejismos que es muy difícil sobrellevar. De ahí su dificultad. De ahí la extraña belleza de la filosofía.
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