Para los sibaritas, alpinistas del gusto, que como yo disfrutamos con la música contemporánea, una música condenada a una suerte de malditismoo al remoquete de ser snob, aunque a mi me gusta incondicionalmente, el estreno d una ópera contemporánea es un acontecimiento.
En el caso de Elegy for young lovers de Hans Werner Henze, es una gozada estétiaca. adentrase en los paradigmas sonoros de nuestro tiempo, en este caso con la notación colorista, cuasiequidistante, paradoxal, pero al mismo tiempo ric de los puntos en confluencia de las notas de Henze, lleva además del ambiente onírico, freudiano de la ópera, un auténtico conflicto paterno filial, además d la ley de la madre no deseada, lleva el toque paradójicamente del romanticismo a lo Hoffmansthal.
En una ópera deudora del Strauss de Electra o del Schonberg del moses und aron, aunque aquí la religiosidad queda transida por el trance d la vieja loca, lleva al espectador por la senda de un fuerte impacto emocional, que no lo olvidemos, es propia de lo estremoso de la acción, ante todo poco moderado, pero como esa montaña en la que se desarrolla la acción, un vértigo ante el daimon de la creación perdida, así como un canto a ese creador único, tan propio del romanticismo.
La música de Henze es catártica y estupefactante, demostrando que la narración puede aborver la enrgía escénica , con un pathos cuasinietzscheano que es de recibo.
viernes, 30 de enero de 2009
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