Metafóricamente hablando jugar con las identidades es hilvanar piezas en el armazón de las ideas. Recrear o modelar conceptos en el aire que nos lleven por las ondas hertzianas del pensamiento sinuoso. Todo ello está en la obra de Aurora Suárez. El lenguaje empieza como una desviación, como un virus que transmite información, memes, ideas o meramente devaneos con las sombras. Pero todo ello con mucho humor, fantasía y buen gusto. Los fantasmas de la iconolatría están presentes en este viaje por la perversión de la imagen como desvelamiento.
Nada más que percepción en un entramado, tramoya o barahúnda de imágenes que trancriben en el aire la memoria, su memoria casi como agotándose agónicas en cada instante. Música tangencial que nos lleva más lejos, paráfrasis del instante vivido y experimentado que trasluce claroscuros o semiologías que Umberto Eco describiría como un lenguje modelo. O al menos en su búsqueda. Patrones que buscan su entronque en algo, rizomas de pensamiento irónico porque no puede huir más que rflejándose en él. O todo un entronque con la búsqueda de menos pantallas para huir o como la fantasía nos es pertinente hoy en día.
Salvar, salir con el ánimo conjunto de una doble operación de cifrado, de tejimiento y destejimeinto: el chiste y su apropiación. Lenguajes del deseo allí donde no queda nada más que un locus adyacente, posibilista,absurdo. El lenguaje y sus símbolos en su selva particular o como nos llevamos, se nos llevan los semiomas o los idiolectos a la manera de Eco. Re-aproximación y certidumbre de un topos más utopos, esta vez por la poesía del humor y el fantasma de la circunvalación de la publicidad transgredida. Lugares y pertenencias como un baúl de viaje que tomar. Tren de posibilidades o vehículo para el comentario veloz, audaz. No ningunear sus semiomas, sus no instalaciones en ningún lugar. Poética de lo dicharachero y certidumbre de lo contingente en lo banal. He ahí el trabajo de Aurora.
miércoles, 27 de junio de 2007
viernes, 8 de junio de 2007
Sobre la obscenidad
Titular una entrada de mi blog así puede que no sea una buena idea, toda vez que cada vez que se cita el término, nos ponemos a la retaguardia, pero en todo caso prometo hacerlo con desinterés pero al tiempo con tino (el que pueda). Lo obsceno supone una paráfrasis de lo evidente, un decir más que un insinuar. Entre el gesto y la acción provocativa media una distancia de denotación más que de conotación. De ahí el plano molesto de la misma. habría que buscar en la memoria de la literatura considerada maldita para ver que ese cantar es el de la censura. Si vivieramos en una sociedad dionisíaca, como quería Nietzsche, esa distancia estaría soslayada, aunque el filósosfo alemán hablaba de contención en algunos casos.
Quien dice literatura dice pintura o artes plásticas, pues es de la naturaleza de lo visual que lo grotesco se desnuda. Si hubiera que hablar de arquitectura del deseo, en esa expresión tan deleuziana, del actuar más que del decir, lo obsceno está reservado al provocador, al loco, al iconoclasta, etc, toda esa parafernelia de la construcción de un lenguaje que nos motiva, nos seduce o simplemente nos asquea. Entre Terry Gilliam y sus fantasias escatológico psicodélicas y La Fura dels Baus media mucha distancia, esa misma distancia que hace que un plano virado en cine haga que el iris reaccione o no al mismo. Lo pornográfico, se dice, es el grado cero del deseo o su soslayamiento total en arasa de una sexualidad primitiva. Habría que matizar que no tanto. Si me interesa este tema es desde un punto de vista intelectual, de búsqueda de indagación cuasidetectivesca. Traslación de resultados, racord de lo absoluto en un instante, paronomasia de lo egomaniaca destructivo, lo obsceno impone un orden de cosas del que es difícil salir indenme si no se trata de forma desapasionada. Sin embargo, las grandes creaciones tipo Ulises de Joyce no serían lo mismo sin esos rasgos de exceso. Quien dice el Ulises dice literatura tipo Aragon o Apollinaire. Hay cierta atracción de lo maldito por la literatura o de la literatura por lo maldito. No estoy abogando aquí por una idolatría de lo chabacano. Recuerdo que El almuerzo desnudo de Burroughs suscitó ciertas emociones en mi y llamó poderosamente la atención de alguien que conocía. No cabe duda de que la provocación es una noticia de un más acá, meca de toda intransigencia de lo superfluo o sencillamente traslación de lo banal a lo real en forma de dardo.
Lo verdaderamente obsceno sería aquello que de tanto ser prometido es derrochado en un instante. Ee ahí lo mundano, lo trangresor. De ahí lo inquietante.
Quien dice literatura dice pintura o artes plásticas, pues es de la naturaleza de lo visual que lo grotesco se desnuda. Si hubiera que hablar de arquitectura del deseo, en esa expresión tan deleuziana, del actuar más que del decir, lo obsceno está reservado al provocador, al loco, al iconoclasta, etc, toda esa parafernelia de la construcción de un lenguaje que nos motiva, nos seduce o simplemente nos asquea. Entre Terry Gilliam y sus fantasias escatológico psicodélicas y La Fura dels Baus media mucha distancia, esa misma distancia que hace que un plano virado en cine haga que el iris reaccione o no al mismo. Lo pornográfico, se dice, es el grado cero del deseo o su soslayamiento total en arasa de una sexualidad primitiva. Habría que matizar que no tanto. Si me interesa este tema es desde un punto de vista intelectual, de búsqueda de indagación cuasidetectivesca. Traslación de resultados, racord de lo absoluto en un instante, paronomasia de lo egomaniaca destructivo, lo obsceno impone un orden de cosas del que es difícil salir indenme si no se trata de forma desapasionada. Sin embargo, las grandes creaciones tipo Ulises de Joyce no serían lo mismo sin esos rasgos de exceso. Quien dice el Ulises dice literatura tipo Aragon o Apollinaire. Hay cierta atracción de lo maldito por la literatura o de la literatura por lo maldito. No estoy abogando aquí por una idolatría de lo chabacano. Recuerdo que El almuerzo desnudo de Burroughs suscitó ciertas emociones en mi y llamó poderosamente la atención de alguien que conocía. No cabe duda de que la provocación es una noticia de un más acá, meca de toda intransigencia de lo superfluo o sencillamente traslación de lo banal a lo real en forma de dardo.
Lo verdaderamente obsceno sería aquello que de tanto ser prometido es derrochado en un instante. Ee ahí lo mundano, lo trangresor. De ahí lo inquietante.
Asi es el ritmo
Antaño, la música clásica era tenida por algo elitista, aburrida y meridianamente snob, si te pillaba con esas ínfulas de enteradillo dispuesto a todo o a explicarlo a quien sea, lo cual no es que haya desaparecido a la luz del público y de la media de edad del mismo que va a los conciertos. La aparición de películas tan estimulantes, creativas y gustosas como Esto es ritmo, un muy buen documental al albur de una obra sofisticada y asaz cerebral pero sensitiv al mismo tiempo, como es La consagración de la primavera de Igor Stravinski, supone un paso de gigante a la hora de encarar con paciencia, amistad un texto que se antoja colorista pero vivaz.
La elección de sir Simon Rattle en el podio de la Filarmónica de Berlín es todo un acierto. Sir Simon va describiendo con mano maestra los mistrios de la consagración, al tiempo que se desprende toda una enseñanza sobre la vida. Es por ello que la música va pespunteando la narración, mientras unos jóvenes aprenden toda una lección de comportamiento ante la viada. La música es quizá la más aérea de las artes, por lo que es la más esbelta, quizá con permiso de cierta escultura. La música es esa mujer que todavía no asoma , casi como si fuera con una copa en la mano de la que se libase el misterio de la búsqueda de la felicidad. Habría quien diría que la música nos deja perplejos, hace flotar el espíritu y puede que tengan razón.
De otra parte, y ya entrando de lleno en la esencia de la película, Stravinski nos habla a través de Rattle con esos obstinatos de cuerda, esas percusiones y esos metales o con el stiletto de las cuerdas, casi en agonía. No es que la música sea la estrella de la película. La verdadera estrellla de la misma son los jóvenes que, desinterresados y aburridos al principio, encuentran toda una verdadera manera de expresar sus emociones a través del lenguaje corporal. Este elegante y sensible film demuestra que se puede aprender. Que la vida es una enseñanza y que podemos encontrarnos con la música. De ahí el poder transformador de la misma, de ahí su turbadora presencia. Uno sale con multitud de sensaciones maravillosa de lsala de proyección, pero sobre todo con ideas creativas, esas que tanta falta nos hacen en este mundo tan gris y plano por momentos.
Puede que el bloque al que nos enfrentamos en la actualidad, ese que hace el mundo tan sordo a a la belleza, tan poco alegre (basta ver la televisión para cerciorarse de esto mismo) nos impela a pasar por la existencia con caras de pocos amigos. Una de las películas que pueden cambiar el ánimo es esta. Falta nos hace. Disfruten de la misma: Se lo agradecerá su salud creativa.
La elección de sir Simon Rattle en el podio de la Filarmónica de Berlín es todo un acierto. Sir Simon va describiendo con mano maestra los mistrios de la consagración, al tiempo que se desprende toda una enseñanza sobre la vida. Es por ello que la música va pespunteando la narración, mientras unos jóvenes aprenden toda una lección de comportamiento ante la viada. La música es quizá la más aérea de las artes, por lo que es la más esbelta, quizá con permiso de cierta escultura. La música es esa mujer que todavía no asoma , casi como si fuera con una copa en la mano de la que se libase el misterio de la búsqueda de la felicidad. Habría quien diría que la música nos deja perplejos, hace flotar el espíritu y puede que tengan razón.
De otra parte, y ya entrando de lleno en la esencia de la película, Stravinski nos habla a través de Rattle con esos obstinatos de cuerda, esas percusiones y esos metales o con el stiletto de las cuerdas, casi en agonía. No es que la música sea la estrella de la película. La verdadera estrellla de la misma son los jóvenes que, desinterresados y aburridos al principio, encuentran toda una verdadera manera de expresar sus emociones a través del lenguaje corporal. Este elegante y sensible film demuestra que se puede aprender. Que la vida es una enseñanza y que podemos encontrarnos con la música. De ahí el poder transformador de la misma, de ahí su turbadora presencia. Uno sale con multitud de sensaciones maravillosa de lsala de proyección, pero sobre todo con ideas creativas, esas que tanta falta nos hacen en este mundo tan gris y plano por momentos.
Puede que el bloque al que nos enfrentamos en la actualidad, ese que hace el mundo tan sordo a a la belleza, tan poco alegre (basta ver la televisión para cerciorarse de esto mismo) nos impela a pasar por la existencia con caras de pocos amigos. Una de las películas que pueden cambiar el ánimo es esta. Falta nos hace. Disfruten de la misma: Se lo agradecerá su salud creativa.
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