viernes, 8 de junio de 2007

Asi es el ritmo

Antaño, la música clásica era tenida por algo elitista, aburrida y meridianamente snob, si te pillaba con esas ínfulas de enteradillo dispuesto a todo o a explicarlo a quien sea, lo cual no es que haya desaparecido a la luz del público y de la media de edad del mismo que va a los conciertos. La aparición de películas tan estimulantes, creativas y gustosas como Esto es ritmo, un muy buen documental al albur de una obra sofisticada y asaz cerebral pero sensitiv al mismo tiempo, como es La consagración de la primavera de Igor Stravinski, supone un paso de gigante a la hora de encarar con paciencia, amistad un texto que se antoja colorista pero vivaz.

La elección de sir Simon Rattle en el podio de la Filarmónica de Berlín es todo un acierto. Sir Simon va describiendo con mano maestra los mistrios de la consagración, al tiempo que se desprende toda una enseñanza sobre la vida. Es por ello que la música va pespunteando la narración, mientras unos jóvenes aprenden toda una lección de comportamiento ante la viada. La música es quizá la más aérea de las artes, por lo que es la más esbelta, quizá con permiso de cierta escultura. La música es esa mujer que todavía no asoma , casi como si fuera con una copa en la mano de la que se libase el misterio de la búsqueda de la felicidad. Habría quien diría que la música nos deja perplejos, hace flotar el espíritu y puede que tengan razón.

De otra parte, y ya entrando de lleno en la esencia de la película, Stravinski nos habla a través de Rattle con esos obstinatos de cuerda, esas percusiones y esos metales o con el stiletto de las cuerdas, casi en agonía. No es que la música sea la estrella de la película. La verdadera estrellla de la misma son los jóvenes que, desinterresados y aburridos al principio, encuentran toda una verdadera manera de expresar sus emociones a través del lenguaje corporal. Este elegante y sensible film demuestra que se puede aprender. Que la vida es una enseñanza y que podemos encontrarnos con la música. De ahí el poder transformador de la misma, de ahí su turbadora presencia. Uno sale con multitud de sensaciones maravillosa de lsala de proyección, pero sobre todo con ideas creativas, esas que tanta falta nos hacen en este mundo tan gris y plano por momentos.

Puede que el bloque al que nos enfrentamos en la actualidad, ese que hace el mundo tan sordo a a la belleza, tan poco alegre (basta ver la televisión para cerciorarse de esto mismo) nos impela a pasar por la existencia con caras de pocos amigos. Una de las películas que pueden cambiar el ánimo es esta. Falta nos hace. Disfruten de la misma: Se lo agradecerá su salud creativa.

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