Titular una entrada de mi blog así puede que no sea una buena idea, toda vez que cada vez que se cita el término, nos ponemos a la retaguardia, pero en todo caso prometo hacerlo con desinterés pero al tiempo con tino (el que pueda). Lo obsceno supone una paráfrasis de lo evidente, un decir más que un insinuar. Entre el gesto y la acción provocativa media una distancia de denotación más que de conotación. De ahí el plano molesto de la misma. habría que buscar en la memoria de la literatura considerada maldita para ver que ese cantar es el de la censura. Si vivieramos en una sociedad dionisíaca, como quería Nietzsche, esa distancia estaría soslayada, aunque el filósosfo alemán hablaba de contención en algunos casos.
Quien dice literatura dice pintura o artes plásticas, pues es de la naturaleza de lo visual que lo grotesco se desnuda. Si hubiera que hablar de arquitectura del deseo, en esa expresión tan deleuziana, del actuar más que del decir, lo obsceno está reservado al provocador, al loco, al iconoclasta, etc, toda esa parafernelia de la construcción de un lenguaje que nos motiva, nos seduce o simplemente nos asquea. Entre Terry Gilliam y sus fantasias escatológico psicodélicas y La Fura dels Baus media mucha distancia, esa misma distancia que hace que un plano virado en cine haga que el iris reaccione o no al mismo. Lo pornográfico, se dice, es el grado cero del deseo o su soslayamiento total en arasa de una sexualidad primitiva. Habría que matizar que no tanto. Si me interesa este tema es desde un punto de vista intelectual, de búsqueda de indagación cuasidetectivesca. Traslación de resultados, racord de lo absoluto en un instante, paronomasia de lo egomaniaca destructivo, lo obsceno impone un orden de cosas del que es difícil salir indenme si no se trata de forma desapasionada. Sin embargo, las grandes creaciones tipo Ulises de Joyce no serían lo mismo sin esos rasgos de exceso. Quien dice el Ulises dice literatura tipo Aragon o Apollinaire. Hay cierta atracción de lo maldito por la literatura o de la literatura por lo maldito. No estoy abogando aquí por una idolatría de lo chabacano. Recuerdo que El almuerzo desnudo de Burroughs suscitó ciertas emociones en mi y llamó poderosamente la atención de alguien que conocía. No cabe duda de que la provocación es una noticia de un más acá, meca de toda intransigencia de lo superfluo o sencillamente traslación de lo banal a lo real en forma de dardo.
Lo verdaderamente obsceno sería aquello que de tanto ser prometido es derrochado en un instante. Ee ahí lo mundano, lo trangresor. De ahí lo inquietante.
viernes, 8 de junio de 2007
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