sábado, 2 de agosto de 2008

Esa visitadora no tan inquietante

Probablemente hablar de la muerte, máxime en un blog de estas características , es una labor desagradable. pero lo quería unir a mi post anterior, no tanto como un epílogo, aunque lo es, sino como un decir, un pensar que se quiere en lo posible disidente, Disidente en definitiva de aquel pensamiento que pone la muerte por encima de todo el edificio, como un no más acá de la razón frente al que no cabe decir ni objetar nada. Pues es para mi ese tipo de siscurso el que , sacralizando la muerte edifica el miedo, lo reifica como pan cotidiano de la existencia.
Morir es algo sobre, lo que sin duad, cabe poco decir. No hay vericacionismo aquí. El que muere no deja pruebas más que de un recuerdo que se conviertee en vago o inmisericorde. Pues la viada es un operar en correspondencia . En la vida estamso en un más acá de la pelea. delegar en un más allá es poner los caballos por detrás del carro, por más que parezca al revés. Esta tragedia de la existencia , entendiad en el modo nietzscheano del mismo , es no un valle de lágrimas como quisieran los píos sino una batalla, un juego de posibilidades pereptua, en el que las cartas repartidas no siempre son las mejores. Por ello la contingencia se me antoja como única manera plausible de impregnar toda la jugad.
Pues el general no menos que el político o el testigo de Jehová te hablen de la misma muerte. Esa que te atenaza si no les haces caso en este más acá. Así amenaza el teólogo al incrédulo, pretendiendo dominarle con el miedo atávico de lo no dominable por nada, de lo final, esa escatología tremendista del cristianismo que ha impregnado todo el edificio de este vehívulo que es la civilización.
Seamos optimistas en nuestra viad y pensemos que no hay gloria que valga tanto sufrimiento, pero menos aún mercadeo de almas para minusvalorar el desarrollo ulterior de cada quien. pues las posibilidades son amplias no limitemos con un no mans land o valle de lágrimas y quitémosle ese pesado ya herrojado hierro del miedo. Es cierto que perecemos pero no es menos cierto que algo hemos logrado, pues la viad ese continuo extrañamiento es una posibilidad.

La aventura de la ética

Invitar es como incitar, una maniobra que si, aunada al intelecto y a la razón, pero unificada con esa especie de subterfugio que es el sentimiento indica una acción que espera correspondencia. El libro de Fernando Savater Invitación a la ética es eso y mucho más. Despliegue fenomenológico del quere frente al no queretr, del no delegar y actuar con valéntía y desinterés frente a las muchas encrucijadas que depara la existencia.Pues comunicar es debatir, más debatir se hace arduo en ausencia de equilibrio de discurso, esa mágica palabra que transfiere los caracteres de la justa correspondencia.
Pues la ética es una aventura, un actuar siempre ante todas las circunstancias de la vida. No por ser perezosos se llega lejos, y así la ética necesita siempre un a dinamo de distancia, pero de reciprocidad. No es más justo el que siente primero, de hecho el sentir puede ser un vehículo no siempre adecuado al actuar. Comprender en su intensidad el infinito de la distancia de cada actuar.Digamos con esa especie de sentenciosidad no pretendida que la ética es una maniobra del intelecto, mas no sólo del intelecto. Entre el soflamador y el epndenciero hay una distancia que media como desentendimiento. Es en la disidencia de lo dado que se encuentra el medio de la mutua corresponsabilidad. Pues no menos que una injerencia es la impunidad premeditada del sofista o del asceta. Mutua dependencia del obrar y del pensar, siempre como reflejar ideas en un lago. No por dejar de quere se maniobra mejor, habida cuenta de que la materia de la comprensión es la vida.
Operar es como intervenir, una acción de la personalidad. Es claro que si uno se miente a sí mismo no es más ético que si miente a los demás. Justa dependencia de la contingencia del acto con el intelecto, la materia de la ética es del orden causal de la pasión que uno viva. Desencantamiento totala del mundo, desacralización dl acto, la generosidad, la valentía y la entrega son dones que , como regalos, no son prenda barata. Y , en fin, entender que el mundo no tiene nada que pueda ser considerado transcendente , entendido esto como que no hay más allá de la labor ética, que es iempre la labor de criba de la llana idea del quere, frente al no querer.