sábado, 2 de agosto de 2008

La aventura de la ética

Invitar es como incitar, una maniobra que si, aunada al intelecto y a la razón, pero unificada con esa especie de subterfugio que es el sentimiento indica una acción que espera correspondencia. El libro de Fernando Savater Invitación a la ética es eso y mucho más. Despliegue fenomenológico del quere frente al no queretr, del no delegar y actuar con valéntía y desinterés frente a las muchas encrucijadas que depara la existencia.Pues comunicar es debatir, más debatir se hace arduo en ausencia de equilibrio de discurso, esa mágica palabra que transfiere los caracteres de la justa correspondencia.
Pues la ética es una aventura, un actuar siempre ante todas las circunstancias de la vida. No por ser perezosos se llega lejos, y así la ética necesita siempre un a dinamo de distancia, pero de reciprocidad. No es más justo el que siente primero, de hecho el sentir puede ser un vehículo no siempre adecuado al actuar. Comprender en su intensidad el infinito de la distancia de cada actuar.Digamos con esa especie de sentenciosidad no pretendida que la ética es una maniobra del intelecto, mas no sólo del intelecto. Entre el soflamador y el epndenciero hay una distancia que media como desentendimiento. Es en la disidencia de lo dado que se encuentra el medio de la mutua corresponsabilidad. Pues no menos que una injerencia es la impunidad premeditada del sofista o del asceta. Mutua dependencia del obrar y del pensar, siempre como reflejar ideas en un lago. No por dejar de quere se maniobra mejor, habida cuenta de que la materia de la comprensión es la vida.
Operar es como intervenir, una acción de la personalidad. Es claro que si uno se miente a sí mismo no es más ético que si miente a los demás. Justa dependencia de la contingencia del acto con el intelecto, la materia de la ética es del orden causal de la pasión que uno viva. Desencantamiento totala del mundo, desacralización dl acto, la generosidad, la valentía y la entrega son dones que , como regalos, no son prenda barata. Y , en fin, entender que el mundo no tiene nada que pueda ser considerado transcendente , entendido esto como que no hay más allá de la labor ética, que es iempre la labor de criba de la llana idea del quere, frente al no querer.

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