Entre las lecturas que frecuento, uno de los temas recurrentes es la frontera de la imagen, sea pornográfica, devota o militante,etc. Lo son porque creo que la imagen posee una especificidad denotativa que nos habla de un tiempo y un espacio, pero también, nos sitúa ante el vértigo de lo permitido o lo tabú. Y en realidad ¿Qué hace a una imagen perversa, heterodoxa, simbólicamente transgresora?Todo esto es uno de los temas del ensayo de Román Gubern, La imagen pornográfica y otras perversiones ópticas.DE la imagen pornográfica, pasando a la miltante, la propaganda nazi o la imagen cruel, estas regiones ignotas son , más que nada , zonas rerlacionadas por su caudal informativo de épocas y símbolos(como la militante o la nazi), de la violencia simbólica y el erotismo, tema que ya analizó bastante bien mi admirado Bataillle. Todo ello supone el riesgo de lo maldito a escalas macroscópicass, esa espectacular contaminación de lo espurio, pero que lleva a las fronteras de lo misterioso, del tabú. La imagen devota da mucho de sí, puesto que una lectura de las imágenes pías a trvés del erotismo místico , o de la imgen crística en películas como ET, o la imagen de Cristo ario, da muchas lecturas estimulantes, que ponen en entredicho los tópicos y clichés al uso.
En una prosa erudita , pero no plúmbea se detalla la emergencia de toda una parafernalia de reccursos narrativos, hitos de la transgresión o de lo maldito que nos hablan de nuestro pasado, pero también de nuestro presente.Gubern describe esas zonas riscosas con pluma de estilista, de historiador minimalista pero aapasionante. Quizá poruqe la imagen es la información capital, sobre todo en la era del espectáculo, sea que una revisitación de lo perverso en ella sea un paseo por las zonas de salida de la creatividad o de cierta sintomatología del pasado que se anuncia en el presente, como la imagen cruel por ejemplo. Todo ello al servicio del sibaritismo como en la imagen pornográfica, o a la premonición y al maanifiesto de la imagen militante.Estudien la imagen, les dirá mucho de nosotros mismos.
sábado, 19 de enero de 2008
De piratas y garabelas
Hace unos días que entró en vigor la nueva tarifa de la SGAE, una sociedad a beneficio del lucro exclusivista, como quiero demostrar. Un hecho así sería del todo punto nimio si no fuera porque atañe a todo usuario de la música. En realidad, cuando se creía que el formato CD era lo suficientemente democrático, dando una calidad inigualada hasta entonces, pero obviando el hecho de que , primero la propia industria y después los usuarios reclamarían una mayor accesibilidad a un coste equitativo, bastante lejano , por cierto del usurario coste de los CDs,la cosa empezó a cambiar.
Que una sociedad privada imponga impuestos tout cout es poco menos que insólito, toda vez que los impuestos son ya de por sí el abuso par excelllence. Se me dirá que de dónde si no sale el dinero, pero esto es baladí si se tiene en cuenta que el dinero circula del Estado al contribuyente, del comprador al vendedor,en una economía en la que, se supone, el cliente es el rey(no tanto, creo yo).Y pensé que esto era poco menos que las garabelas y los portazgos medievales. Quizá se crea que exgero, pero si se piensa que es un tanto por ciento tan exorbitado y abusivo el que se impone, siempre, como no, a beneficio de una sociedad privada, que insisto, funciona como un gremio medieval, que más bien se dedica a repartir la cuenta d beneficios de la explotación de la música, las cosas cambian sustancialmeente.
Todo esto empieza a parecer enfermizo y patológico, pero puede que sea el síntoma de que las cosas no andan bien en general o en particular , en cuanto a pervivencia de lo antiguo y emergencia de lo nuevo. Que el carrro de caballos fuera sustituido por los autobuses y los trenes primero, y los aviones después debió suscitar el mismo impacto. El consumidor reclama música buena, a buen precio y no la arrebatina comercial al uso. Que unos señores se lucren de ello entra dentro de la lujuria comercial más persistente.
Quizá me equivoque pero un mundo con músicas mejores es factible. Pero a buen precio.
Que una sociedad privada imponga impuestos tout cout es poco menos que insólito, toda vez que los impuestos son ya de por sí el abuso par excelllence. Se me dirá que de dónde si no sale el dinero, pero esto es baladí si se tiene en cuenta que el dinero circula del Estado al contribuyente, del comprador al vendedor,en una economía en la que, se supone, el cliente es el rey(no tanto, creo yo).Y pensé que esto era poco menos que las garabelas y los portazgos medievales. Quizá se crea que exgero, pero si se piensa que es un tanto por ciento tan exorbitado y abusivo el que se impone, siempre, como no, a beneficio de una sociedad privada, que insisto, funciona como un gremio medieval, que más bien se dedica a repartir la cuenta d beneficios de la explotación de la música, las cosas cambian sustancialmeente.
Todo esto empieza a parecer enfermizo y patológico, pero puede que sea el síntoma de que las cosas no andan bien en general o en particular , en cuanto a pervivencia de lo antiguo y emergencia de lo nuevo. Que el carrro de caballos fuera sustituido por los autobuses y los trenes primero, y los aviones después debió suscitar el mismo impacto. El consumidor reclama música buena, a buen precio y no la arrebatina comercial al uso. Que unos señores se lucren de ello entra dentro de la lujuria comercial más persistente.
Quizá me equivoque pero un mundo con músicas mejores es factible. Pero a buen precio.
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