La reciente noticia de que los toros iban a pasar a ser bien cultural, así, a secas, me parece que posee el interés que , en ética animal aparte, tiene, y es que bienes culturales osn desde la Alhambra, el Quijote o las pastas de Avila , por poner un caso extremo. Y es que al paraguas de la cultura, cuando se invoca su nombre místico, cabe casi de todo. Me refiero , claro está, a la cultura entendida como etnocultura o antropología cultural.
Pero, más allá de las implicaciones culturales mucho se ha hablado de las corridas de torors en Cataluña o los correbous, protegidos los últimos, no lo olvidemos en nombre de la cultura también.
De lo que se trata es de que es el de los toros un espectáculo cruento que se remonta a la cultura mediterránea. No estaría de más decir que los animales, efectivamente sufree, y casi todos los biólogos y mcientíficos aseguuran que tiene las mismas emociones que nosotros, tan animales como ellos. Me preparo a leer un libro de Derrida en el que ve que el gato que se posee o el pájro o el perro que nos cuida quizá pueda decirnos algo. Los animales tienen alma , de eso estoy seguro, y si no han desarrollado un lenguaje simbólico tan dependiente del nuestro como el que nosotros tenemos con respecto al lenguaje(esa cosa que parece hacernos antropocéntricamente superiores y que nos separa más que nos une), es por una contingencia cultural.
ESe gato parece sonreírme, diría Derrida, y con qué razón.
martes, 19 de octubre de 2010
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