Verdaderamente, mucho se ha dichoi ya sobre aquellas jornadas parisinas y globales en que todo estaba bajo el punto de vista de la revolución individual, frente a los viejos antagonismos o anclajes del pasado que, de una manera troncal , vieron sus bases cuestionadas por unos días. No cabe duda de que, quizá de alguna manera cotidiana el vivir, el mero ejercicio del vivir era una cuestión de meran consulta, en un viejo orden que estaba bajo la sospecha de los antagonisamos este oeste y la égida del aburrimiento.
Cuarenta años después, se nos antoja una época que supuso un cambio (por lo menos en la manera de entender la cuestión de entrar en política o en el debate), cuando las muchas formas de encorsetamiento del pasado en un orden supuestamente democrático, que tiene eso sólo de fachada. Muchos creen que aquello fue una especie de velada o fiesta vedette, irónicamente esa vedetización que tanto denunciaban entre los adoquines y las tomas de palabra, un epílogo. ASí por ejemplo el actual presidente francés Sarkozy o André Glucksmann, pero bajo los fuegos , las pancartas y los esloganes se escondían la revolución individualista contemporánea. Ese espíritu de rebeldía que recorre las antesalas de un consumismo onanista, como fiesta para los sentidos o placet de los derechos del hombre. Sin duda ahora poseemos más libertad que entonces, pero la democracia, esa indolora experiencia o marco envolvente en essferas de decisión, se ha quedado bastante obsoleta como régimen. No quiero decir que ésta sea un marco baldío, pero se antroja cuando menos , formulario si no es abierta si sigue habiendo bastante distancia entre e oder y aquellos que están gobernados. Probablemente, los elementos nuevos de la ética, la comunicación en grupos a través de internet ha desverticalizado el mundo pero los regímenes opresivos se enroscan en la información y las democracias parecen incapaces de afrontar semejante dislate.
NUesro mundo, el que hemos heredado de aquellas jornadas sobre todo parisinas, es un mundo congestionado y probablemente cansado que puede que deje paso a una nueva forma de entender ese espectáculo que denunciaban los situacionistas y que vende en parcelas todo pasado o que adultera el verdero ejercicio de la comunicación.Probablemente, el espíritu de rebeldía strictu sensu sea sólo una reacción o un terremoto de egoísta, pero debajo de ella reside el espíritu de superación a la larga, sin duda ahora que cada uno se rebela siendo el mejor o llevando la contraria, afirmando su personalidad (lo que hemos ganado y lo que hemos perdido al mismo tiempo), pero cuestionarse por unos momentos todo fue más bien la antesala de una época.
jueves, 29 de mayo de 2008
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