Muchos hemos pensado a lo largo del tiempo que eso del amor, a cierta edad, se transforma en un laberinto de recuerdos de lo que ha sido. La nueva película de Isabel Coixet, , Elegy, posee ese raro factor madurez, sensatez y estar a la altura de las circunstancias, como para ser una película de culto de gente de cierta edad, esa que ha pasado el tiepo nomasdeando por los terrenos de la soledad propia y ajena, quiero decir acompañada, sin saber que la belleza es ese extraño don que habla más del aparecer que del ser, de las cosas más que de los seres.
Esta desoladora, dolorida película nos habla de sueños, de deseos y eso, ya se sabe, es propicio a la vuelta del tiempo, a ese giro de las microhistorias, de cada quien de cada uno, que llama más a la sinestesia del acontecimiento que a lo que realmente queremos poseer.Porque la vida de ese animal moribundo es la vida de tantos hombres que se encuentran a solas consigo mismo, a sabiendas de que la muerter, esta si, es no haber amado o negarse a amar algo que a uno le llama en condiciones;esa belleza que está más allá de las palabras, metonimia del movimiento de una pasión que posee a un hombre maduro, enfrentado a sus fantasmas a, asu pasado como amante frívolo más que como verdadero artista. Cabeza parlante enfrentado a su pasión irreductible. Pero esta película habla también del perdón, de lo que podemos encontrar en el otro a pesar de y sobre todo a pesar de.
Elegante, honesta y sincera la adaptación de Coixet de la novela de Philip Roth, es una muestra de equilibrio en el mundo de los dramas que se nos vienen ofreciendo de un tiempo a esta parte. Elegante fotografía y música relajante, incluido Satie. Amrga pero dulce película.
miércoles, 30 de abril de 2008
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