Cada vez que descubro una nueva incursión en los terrenos literaripos, tan abonados tanto al exceso como la autocomplacencia, uno se adentra en mares de ideas que circundan el perímetro de lo manido. No pasa así con Manuel Vicent, quieen no es nuevo para mí en lo cinematográfico, pues su Son de mar, ya había sido versioneado en su día por el paisajista Bigas Luna.
En el caso de esta novela de ambrosía o de azahar, que todo es el caso, el aroma del Mediterráneo está presente en toda su extensión. La belleza relajada y sincera que presiden estas páginas, que supera con mucho a las de la película de Bigas Luna, es propiaa de un naarrador experimentado y sensato, en su honestidad, pero con ese sabor, como no, de las fábulas griegas que tanto gustan al personaje principal, profesor de literatura.
Y es que la historia adquiere las texturas del mito, de ese territorio incognito y maravilloso , ungido de sal y vino en mediterráneos, donde la princesa espera siempre siempre a su navegante. Recordaría en esto a la Odisea, si no fuera porque es un drama con ribetes trágicos. Pero el intenso sabor de las páginas de Vicent, quien pienso que deja un gusto inolvidable en el lector, no deja lugar a dudas.
El terreno dond la pasión desatada deja paso a la ensoñación, pues las historias son eso, relatos marinos o de puerto(en este caso), que reflejan la crónica de un mundo no lejano. DE este nuestro mundo. Todos los puertos tienen sus historias, unas son más tristes que otras, pero todas dibujan la existencia del conflicto que ataña a la diosa y ssu navegante.Por encima de todo, laa novela es vida o una vida que nos aprieta con sus extertoress. Más esa vida es la de los mortales, que somos los que queremos eguir leyendo para no parecer muertos.
Son de mar es una novela con un nivel decriptivo portentoso, un ritmo pausado que engaña, puesto que pasan bastantes cosas y una muestra de perfums y delicias para paladares no fosilizados.En el fondo la disoa siempre espera. No sabemos i el final será siempre trágico, pero espera.
lunes, 31 de marzo de 2008
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