Lo confieso. Me gusta Ianis Xenakis,ese músico matemático que, cual arquitecto de sonidos o ingeniero del polvo estelar de las possibilidades de los sonidos, implementa a cada instante una serie de concatenaciones de materiales sonoros diversos, al igual, pero a la vez como un Cage, o a su inversa , posibilita el uso de series de sonidos que buscan romper el difícil equilibrio de las distancias entre sonidos. Volver a Cage o a Xenakis es descubrir un mundo de visión unitaria cuasitrascedente. Sus sonidos son terapéuticos, sortean el camino de la visión parcial. Lo abrupto de su apariencia es lo matricial del mismo, siempre en la dura tarea de absorver energia,o más bien,inyectar desde la matriz energías cuasi paradisiacas.
La música de Xenakis es un reto a la imaginación. Requiere dosis de esfuerzo. Uno no puede emborracharse de Xenakis. Sin embargo, hay algo de dionisíaco en todo ello. Quizá Cage buscó un allanamiento simbólico de la racionalidad a través de su música, pero Xenakis conecta con cierto espíritu ditirámbico pagano que viene bien hoy en día. Sin duda es Pierre Boulez el maestro de la luz simbólica en la música , vía Mallarmé o René Char. Posiblemente la música sea el arte de las máquinas simóblicas o donde las ideas se transforman en arte. Debe ser porque la mano al dibujar en el aire, intenta también apoderarse cual ave del paraíso del ritmo. El sonido es algo básico. Chasca unos dedos, acompáñalo con unos suspiros y un clarinete y tendrás música. la música está en ese movimiento oceánico de islas a la deriva que son los sonidos. La arquitectura requiere estudio de pesos y medidas, pero la descontrolada materia actúa como un eje para la gravedad de la casuística de la libertad. Allí orden y caos se confunden porque están en un todo orgánico. Cual espirales en el tiempo forman volutas de humo que vibran en los oídos, con un tempo concreto. Música estudiada para romper el silencio.
lunes, 26 de noviembre de 2007
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