Acabo de leer recientemente una novela trastornante como sólo pueden ser algunas obras literarias. Se trata del libro de la premio Nobel Elfriede Jelinek, una austriaca, que, en la vía traumática y desesperanzada de un Berhnardt, apuesta por pegar duro y al estómago, justo ahí donde resopla el lector. para que negarlo, se trata de una lectura apabullante, con ese torrente de ideas que destilan las obras de la autora austríaca.Hay apuestas que son difíciles de explicar: esta es una de ellas.
El estilo directo, cortante en ocasiones, rítmico como una sonata en staccatto, destila un humor corrosivo que penetra por los poros de la piel, aunque más bien sea el esternón el que acabe descolluntado. La asfixiante atmósfera de represión materna hacia una hija encauzada a unas metas que la ahorcan, es el marco para una historia absorvente que, una vez desatada la tormenta, acaba en deseos ocultos inconfesables o, mejor, demasiado confesables para ser asumidos con naturalidad.
Por en medio, la sociedad austríaca sale retratada como un grupo de gente asustada o confiada al mismo tiempo, un tanto pagada de sí misma. Pero el problema central es la búsqueda de una utopía personal de deseos de desublimación que esconde el contrato de una materialización de sensualidades perversas o elitistas al mismo tiempo, es decir, una búsqueda de libertad bajo sometimiento. Sin embargo, es muy duro aceptar esa pendiente envarada en la que uno se mete y no sabe como salir. Calidad se llama o solía llamar eso, en literatura.La mente es laberíntica e intrincada y conspira para exaltar aquello qque la atenaza. Esa misma atmósfera de patología o gusto exacerbado por lo raro, por lo liquidacionista o singular aterriza en una espiral de terrores que sólo pueden acabar en el malentendido. El amor, ya se sabe, es una condicion de posibilidad.
Una vez acabado el materno empieza el retorno a lo prohibido. Ahí residen los deseos de una
mujer que piensa o siente demasiado. Naturalmente, esto sólo puede ocasionar una cierta desazón , no por la suerte en sí de la protagonista(que también), sino por esa naaturalidad del sentimiento demasiado encauzado. Todo ello a ritmo de trío de piano.
lunes, 26 de noviembre de 2007
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