miércoles, 19 de septiembre de 2007

Re-creando el lenguaje

Una estéril polémica sería aquella que reuniera en su enunciación ideas manifiestamente consabidas. A veces, de tanto hablar de un tema, éste se torna inaguantable, hasta tal punto que apesta. Sin embargo, en literatura pocas cosas parecen obvias o dèjá vus , si éstas no han sido previamente sobadas hasta el hartazgo. Digo literatura, a sabiendas que este tema reune unas características de refrito o de material para el deleite.
El tema es que , en literatura existen dos tendencias inencontrables y hasta antagónicas de entender este arte. Una de ellas sería aquella que toma el arte como mera especulación, soslayando todas las tendencias renovadoras, y hasta sumergiendo en la fruslería el material presentado, o literatura de consumo( que ya Tocqueville, con la agudeza que le caracterizaba, resumía diciendo que sería literatura burda pero entendible), y otra sería quella que quiere traspasar las fronteras lingüísticas para renovar el lenguaje. Es decir, literatura como distracción, o literatura como creación. Sin embargo, esta ddicotomía aparente no lo es tanto si tenemos en cuenta toda la tradición novecentista de Stevenson o aqyella que viene de Dumas o, en contra de Sterne, Cervantes o en el siglo pasado Joyce.
Todo esto para colegir que, en aspectos cruciales de la lengua, y una lengua es una colección de herramientas cognitivas que operan contra la entropía de su desgaste, cual es la de la depauperación del flatus vocis o vocablo vacío la utilización de coletillas en el lenguaje mediático y publicitario. Por no hablar de la creciente vulgarización debida al uso abusivo de palabras fetiche que devienen constitutivas del lenguaje.
Mi apuesta por el riesgo me dice que la verdadera creación y los aspectos de aventura, los obstáculos o la carrea de fondo en literatura es bastante satisfactoria , y aún deleitosa. Porque ver a Bloom en el Ulises entrando en el hospital con un lenguaje de la Edad media es carcajeante. Si es cierto que las vanguardias han muerto, poco espacio queda para la especulación. En tiempos como los que corren, más dados a la prisa y el hastío, al ruido y a la furia es bastante cierto que necesitamos un cierto grado de sutileza para hacer ejercicios o subir las montañas de una cumbe literaria. O al menos así fue durante cierto tiempo, aquel que nos hablaba de la velocidad del mismo pero contribuyendo a diluir las fronteras de la abstracción o de la alienente realidad.
Así que disfrutemos de Torrente Ballester en La saga/fuga de J.B., por ejemplo o de un Le Clézio o de un Georges Perec. Apuesten fuerte.

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