domingo, 12 de agosto de 2007

Vida de los otros o la licuefacción de la existencia

Hay películas que dejan un poso, una sensación una vez vistas de verdadera gratificación con e arte. Una de ellas es la vida de los otros, film alemán que, en un ejemplo de verdadera dignidad resiste todavía entre tanta halaraca publicitaria, refritos y platos de segunda mano en esto del cine se refiere. Pero ver las andanzas de un momento histórico que nos pudo tocar a nostros, e este caso de la Alemania del Este previa caída del euro. Allí vemos las existencias de unos seres que ven en el colaboracionismo o el conformismo su, modus vivendi. Sin embargo, la admiració por el escritor de capitán de la Stasi pone un punto en la hemorragia del regimen. Si la seguridad a toda costa se transforma en un modus operadi del Estado, poca acción queda para la esperanza. Sin embargo, la pelicula en su acción dramática tiene un punto de ironía.

Que una película te lleve, te atrape de principio a fin de esta manera tan violentamente agradable es un portento, quizá un hallazgao. Probablemente es la película del año, y lo es por méritos propios. Aquellos que, como el capitán de la Stasi quieren producir, verificar en la realidada sus sospechas paranoicas por delirios de grandeza están condenados a la mediocridad y al embrutecimiento. Cuando la sospecha se convierte en generalizada, las posibilidades e la librtada se vuelven más pirutescas, más burlonas, como en la película de Florian Henckel von Donnermarsk(no me resisto a ciatr a este digno director del que se puede y se debe esperar mucho). Quizá sea la característica de arte: eludir al final las trampas o sucumbir en el intento.Las existencias individuales en un país de hormigas comunista son difícilmente compatibles con un grado alto de libertad. Porque los burócratas siempre son tozudos y mediocres, sucumben a las mieles del éxito y de la propaganda. A lo mejor la propaganda no sea más que un método aterrador, como es, de evitar que cierta verdad salga al exterior y bos libre de la polución en la que vivimos.

Dicen que el beso de Erch Honeker y Leonidas Breznev en el muro de Berlín corre peligro. El arte es el vehículo mejor para corroer la realidad, sobre todo cuando ésta es turbia y gris como en la película. Y lo es porque es un vehículo que maneja energías y oderes de la imaginación. Esa es la virtud delarte, su verdadero ser. Ojalá hubira más películas como esta.

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