Cuando a uno le preguntan qué es vivir, muchas cosas acuden en torrente a la mente. Máxime cuando las condiciones de existencia son tan hostiles a una vida libre, digna y grande. Porque los propósitos en esta existencia tan hosca que nos hacemos unos a otros son difíciles en grado sumo, es que todo tiene poco sentido. ¿Hacer la revolución? Los drogados del poder acudieron a su búsqueda. La novela de Ayn Rand, esa maravillosa judía rusa, Los que vivimos es una muestra de coraje en tiempos difíciles. Las lecciones de Rand son muchas, sobre todo morales, pero sobre todo éticas.
En una prosa hipnotizante, poderosa y profunda se describen portentosamente las existencias de unos seres privados de lo más sagrado en la vida, de esa dimensión intocable que no se puede traspasar a menos que se quiera destruir lo que les hace diferentes, genuinos y seres dignos de vivir. En un mundo que se derrumba es dificil la existencia. Cuando se quiere cambiar el mundo a costa de los demás, sin tener en cuenta las diferencias ni las singularidades del ser humano, simplemente por ser él mismo, se llega al autoritarismo más extremo. Se le priva de su condición ética, que no es otra cosa que su libertad. Y sin libertad es duro elegir o meramente, como en la novela, supervivir.
Así como las abejas se comportan es impropio del ser humano. El ser humano necesita libertad, porque de otra manera se colapsa, se eclipsa en un mundo u horizonte de sucesos (por utilizar el símil de los agujeros negros), destruyendo no sólamente lo que pueda hacer, elegir o crear sino convirtiéndolo en algo no lejano a una máquina de decir sí a todo, aunque sea irracional o simplemente absurdo. Kira es de esa clase de seres, que viviendo en un mundo que se ha desplomado para su familia y para ella, decide no rendirse aunque tenga que luchar con ruedas aplastantes del Estado o de los aparatos que le asisten. Una persona así decide vivir su amor a toda costa.Y haciéndolo demuestra que lo más sagrado es la libertad y la dignidad. El sobrecogedor final de la novela deja flotando al lector. Porque el final es impactante. La lección ética de la novela es que luchemos por lo que queremos o por quien queramos. Porque el propósito de la existencia es dejar una huella en la memoria; pero no morir en vano. Sin victimismos ni egolatrías de partido, opinión o credo religiosao. Sólo así se alcanza el desarrollo personal. El verdadero desarrollo.
Las circunstancias que rodean esat soberbia novela filosófica de Ayn Rand son propias de una novela elllas mismas. Algunos ecos de superheroina en ellla, huyendo de los terrores que se denuncian en el libro, resuenan al lector. Eso da a la novela más fuerza. La enorme penetración psicológica de la Rand es como un testimonis de vida. Por ello es bueno leer algunos libros como este.
viernes, 17 de agosto de 2007
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