Suena un poco chocante eso de llamar así a una entrada de blog, pero de aquí en adelante pretendo hacer una intervención que permita una discusión aclaradora sobre un tema trufado de clichés y, como todos ellos ,acaparadores de toda la franja de verdada asequible o a la vista. Sobre el lugar del cliché habrá aquí un comentario más adelante.
La lectura del libro de Montes y Barba (cito por los apellidos) La ceremonia del porno además de gustosa y satisfactoria ha sido para mi una manera d adentrarme en un tema que reclama urgentemente atención, toda vez que en él inciden toda una serie de características semiológicas, simbólicas y sociológicas que están en la frontera de los estudios sociales o de las humanidades. Hablar de porno es hablar de imagen, de primer plano de detallles que, a primera vista pudieran escapar: los gestos atléticos de él, las posturas acobáticas de ella, los éxtasis paroxísticos, los gemidos de goce, etc. Todo ello rodeado de una acción minimal al servicio de unos diálogos de calentamiento. Inútil decir que es antiartístico toda vez que el despliegue de sabidurías iconolatras es tan evidente. No es poca cosa el hecho de que el desnudo es artístrico, de lo que se trata es de que este desnudo parece mecánico y sólo loes, en efcto, en el mal porno; aquel que deja indiferente.
Porque, en efecto, el porno es sugestión , hipnosis. El que observa porno se desvela, se descubre viendo porno. Ningún género más tributario del disfrute a solas o en compañía íntima, puesto que su poder dimana de esa sobreactuación en la que los actores están inmersos, como marionetas a disposición de un orden de cosas mutable o en un código flexible que incluyera todo un catálogo de dinámicas de actuación. Porque el porno es exigente. Exige verlo a solas, descubrirlo (si están fingiendo, el orden de los estertores, las posturas cambiantes, los climax,etc), revisionarlo, cerciorarse de su proximidad, de la fraseología desnuda de su catarsis.
Puesto que el porno o la imagen pornográfica está hecha de gestos guiñolescos, habría que esperar poco de ella. Sin embargo, el embaucamiento dura poco. Todo está expuesto, coreografiado. Aquí entrarían las críticas que se le suelen hacer: es falso, vulgar, banal, etc. Pero todas ellas incurren en el error de medir la imagen pornográfica por los patrones de una película convencional. El porno no es convencional toda vez que incurren en él las actuaciones más espontáneas. El porno es directo. Sus actores son iconos para el disfrute del espectador. De ahí el poder de provocación de lo porno.
Estos escenarios están siempre permutando. Ya sea en el salón con el piano, en un avión o en un coche lo importante es la dinámica de los gestos que inicia el poceso de su actuación. Porque ellos (los actores) se descubren gozando y sometiéndose al proceso de ser opbjetos. Por esta razón todas las críticas anteriores son del todo injustas. Pictures in motion.
jueves, 12 de julio de 2007
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