martes, 31 de julio de 2007

Grandes masas de voz

Aquelllos, que como un servidor, somos seguidores de ese genio grandilocuente y monumentalista llamada Wagner, y que como muchos millares de seguidores en nuestro país y fuera de él, aguardamos que lleguen estas fechas para seguir el festival de Bayreuth por la radio, sabemos de lo que es ser fiel a una emisora y a una música. No lo digo por egocentrismo ni megalomanía, sino que realmente siento que esta música está construida de tal manera que su tejido nervioso, sus células sonoras realmente emanan profundidad y hermosura. Ya sé que se dirá que fue el músico preferido de Wolf (y es verdad); también es cierto que Siegfried Wagner y otros no tienen un pasado ético muy recomendable y es cierto. Sin embargo, yo entro en las virtudes de la música, que gracias a esa veterana emisora que es Radio Clásica nos llega toods los veranos.

Comprobar las carreras tenorales de Sigfrido, las hazañas de las sopranos aunados a esa vorágine de sonido torrencial que emana, más bien fluye del fosos del teatro de la colina, es mucho. Monumentos de voz yo diría. Probablemente como wagneriano que soy, no soy todo lo fiel que debiera y, a veces hago zapping durante algunas horas, lo cual es tanto como dejar un discurso místico cortado. Pero ahora recuerdo que lo místico es continuo sólo en ocasiones.
Bayreuth es algo más que música. Ya sé que es una religión, fuera de la cual no se está en conexión de esa música por demasiado pesada y grave. Probablemente tengan razón en lo de grave, pero no en lo de pesada. Y es que Wagner, como Esquilo crea un mundo de fantasías y de subterfugios, pero en este caso para los conaiseurs, satisfactorio. ¿Truculencia tal vez? Si y no. Las adaptaciones en Bayreuth son un prodigio de luz y monumentalidad escénica. Atrás quedan esas ridiculeces de presentar a las walkirias en biciclñeta. Este año las adaptaciones esta´n tomando cuerpo y densidad por sí mismas.

La música de Wagner supone un viaje iniciático por un torrente de sonido que no cesa. Cuando apagas el receptor te encuentras maravillosamente cansado y entras en una noche de reposo. La sensualidad del Tristán supone, como diría mi muy adorado Pierre Boulez, un acta de bautismo de la música contemporánea. Aunque realmente lo dijo de la seminal obra de Stravinski La consagración de la primavera. Gracias a Radio Clásica por su excelente labor. Chapeau.

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